Sentarme a la mesa de la cocina mientras la luz abandona el cielo citadino. Morder una manzana en silencio. Oler lo que mi madre guisa. Sentir la temperatura, perfecta, sin calor ni frío.
De repente sonrío y me doy cuenta de que ésta paz me había abandonado por mucho tiempo. Entiendo que, todo está bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario