Sentir sin temor es algo nuevo, refrescante. Dejar que las emociones sean sin preguntarme sobre las consecuencias; reír a carcajadas sin preocuparme por verme tonta, llorar sin importarme parecer débil, y no preocuparme por ese brillo en mis ojos y esa sonrisa boba que aparece desde que me he permitido querer, sin importarme lo que otros pienses, ni si soy correspondida. Sin importarme nada.
Sentir sin preocuparme me quitó de encima un enorme peso. Me extirpó de raíz uno de mis grandes miedos; el miedo a sentir, y a evidenciarme ante el mundo. Ahora, simplemente no podría importarme menos lo que el mundo tiene que decir; mis sentimientos son míos, y si con trabajos yo puedo entenderlos, mucho menos podrá el resto del mundo pretender comprender y juzgarlos.
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