Quizás empiezo a sonar un poco obsesiva al respecto, pero me parece que el pasado es algo que nunca voy a aprender a dejar del todo atrás; después de todo es parte de quien soy. Estos días he descubierto lo reconfortante que es mirar al pasado a los ojos una vez que han cicatrizado las heridas que te dejó, y no me refiero a retarlo, me refiero a simplemente mirarlo, sonreírle, estrechar su mano. Como ya lo dije anteriormente, aceptar que es tuyo, dejar que sea parte de ti.
Por mucho lo más reconfortante de mirar al pasado es poderte enfrentar cara a cara con los peores episodios que has vivido, con situaciones que te destrozaron por completo, momentos en tu vida que te dejaron cicatrices y que ahora no remueven en ti ningún sentimiento de dolor. Al confrontarlos la única sensación que te invade es una profunda satisfacción por la fortaleza que construiste a partir de esa destrucción, porque sabes que de repetirse ese episodio no dolería ni un tercio de lo que dolió en ese momento.
Finalmente, una recomendación para cuando estés repasando tus ayeres: tira lo que ya no sirva. No sólo acumulas cosas inservibles en el mundo físico, sino que también en tu mente te aferras a recuerdos, momentos, ideas y personas que quizás en el pasado tuvieron su razón de ser, pero ahora no son nada más que un lastre. Así que cuando te encuentres con uno de ellos haz lo mismo que con el resto de tu pasado, sonríele, estrecha su mano, dale gracias por haber sido y después, haz que deje de ser. Dale la espalda y deja que se quede con las cosas que ya no te son útiles; bueno, al menos esto es lo que yo hago, y ha resultado muy bien.
Esta entrada no pretendía ser un instructivo para lidiar con el pasado, pero parece que se convirtió en uno, y sé que mi lector o lectores son fantasmas que nunca me dejan saber de su paso, pero si a alguien le son útiles estos consejos me alegraré bastante.
P.D. Una última cosa; me siento más auténtica y fiel a mi misma que nunca, y eso en parte lo debo a su silencio. Gracias.
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