Ese Lunes por la madrugada me decidí a dar un vistazo sobre mi hombro, y me alivió ver que el pasado estaba cada vez más lejos; dejó de perseguirme esa encarnación de todo lo que quería dejar atrás. Suspiré y cerré los ojos un momento, escuché la lluvia golpeando mi ventana y dejé que la canción del agua del cielo me llenara; decidí dejar de pensar.
Y en un parpadeo pasó todo, y se desvaneció. Los recuerdos relampaguearon con la luz, seguida de un sonoro trueno, mientras palpaba mi pecho y sentía, por primera vez en mucho tiempo, mi corazón completo, latiendo cálidamente, tranquilo, feliz.
Ahora pienso que quizás el futuro me depare muchos más tragos amargos, y que esa figura en el horizonte puede no ser lo peor que me guarda la vida, puede que existan cosas mucho más dolorosas, más desafiantes, cosas que me vuelvan a hacer caer sobre mis rodillas, pero por ahora no puedo más que aliviarme de que esta era por fin termina, de que puedo dejar atrás prácticamente todo lo que estuvo conmigo durante estos años. Ahora puedo mirar sobre mi hombro y simplemente ver el pasado donde debe estar, y no caminando unos cuantos pasos detrás de mí.
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