He notado cierta tendencia en mis últimas entradas a un tono cansado, fastidiado; como si de repente me hubiera hartado de que la gente disfrutara de leer lo que escribo y hubiera decidido agredir a todos quienes leen mi blog con frases como "probablemente nadie lo este leyendo" o "me harté de creerme una poetisa"... como retándolos a retarme, a que alguien en algún comentario me dijera que si está leyendo o que disfruta de mis intentos de verso. Pero no hay nada. Es silencio.
Cuando inicié este blog se sentía como una travesura, como un escondite muy ingenioso, ¿qué mejor lugar para esconder mi alma que a la vista de todos? Y dicho y hecho; desde el momento de su creación, el link a este corazón de letras ha aparecido en cientos de lugares, ha permanecido en mi mensaje personal en messenger, y ¿qué atención ha recibido? lo ignoro. Me gusta creer que quienes pasan por aquí son como fantasmas, otros corazones que se sienten intrusos en el mío y por ello nunca dejan marca de que pasaron. Nunca le dejan saber a este pedazo aislado de mi ser que no está siendo ignorado.
A fin de cuentas este cuaderno verde es como tantos otros cuadernos de papel que he cargado por ahí durante mi vida. Al principio escribiendo en ellos con la esperanza de despertar curiosidad en alguien, que me preguntaran lo que escribía; posteriormente sólo por costumbre y necesidad de tener algo a a la mano en donde escribir mis reflexiones.
No puedo estar segura, pero siento que de nuevo tengo un cuaderno invisible en la mano, un accesorio tan común en mí que ya nadie lo nota, una extensión de mi brazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario