Supongo que muchas veces la comparación mas acertada que puedo usar para explicar la manera en la que mi corazón salta asustado y mi alma huye hasta mis pies buscando esconderse del mundo es la de un pequeño ratón.
A veces me sorprendo mirando al mundo con los mismos ojos viejos y cansados que llenaban mis cuencas hace tiempo, esos ojos vidriosos y opacos, sobre todo asustados, coronados por un par de cejas negras con el ceño fruncido hacia arriba. En una permanente mueca de miedo.
Honestamente no lo comprendo, suelo restarle importancia pensando que es simplemente un rescoldo de ese ser que solía vivir bajo mi piel. Es esa la parte de mí equiparable a un minúsculo y atemorizado ratón.
Finalmente, no podía ser toda valentía, ni toda sonrisas; no podía ser toda creatividad y rebeldía, aunque lo pretenda, no podía ser toda yo misma. Porque en alguna parte debajo de mi piel se esconde aún ese pequeño ratón, atemorizado, esperando el momento menos indicado para salir corriendo hacia mi mente y darme tremendos sustos.
Y de poco tiempo para hoy ese ser de ojos desorbitados me visita con cada vez mayor frecuencia. Es simple identificar la razón: quien no tiene nada que perder, tampoco tiene nada que temer... simplemente no tiene nada. Y yo dejé de ser una persona con un par de manos vacías, sobre mis palmas abiertas ahora descansan otras manos. Ahora, simplemente hay momentos en los que no puedo evitar temer dejar de sentir ese calor sobre mis manos. Supongo que el pequeño ratón al que bien podría denominar mi corazón está continuamente alterado por esa posibilidad.
Es descorazonadora la idea de que podría abrir los ojos un día, y sentir que se han llevado un pedazo de mí. Ese miedo infundado a veces me hace reírme de mi misma; pobre ratoncita asustada.
mi ratoncita no te asustes yo estare junto a ti para ti por tu amor y por tu ser mein liebe^-^
ResponderEliminar