domingo, 27 de marzo de 2011

Asfixia

El cuerpo es el transporte a través de la vida, el contacto con el mundo exterior, el templo que resguarda el alma; es simplemente un intermediario que nos permite dar una forma, un color, una textura, un aroma, un sabor, a la vida que pulula a nuestro alrededor.
Pero hay días en los que el alma, generalmente tranquila, empieza a retorcerse dentro de su templo. Patalea, araña, inclusive muerde; necesita escapar.Porque el calor de la primavera citadina la está asfixiando dentro de esa prisión de sangre y carne. El aire que sabe de sobra que no necesita respirar, repentinamente le parece indispensable, mientras que su contenedor se encuentra adormilado en el exterior, agotado por las olas de brisa hirviente y seca que golpean inclementemente su piel.
Mientras el alma se retuerce asfixiándose dentro de su prisión roja, el cuerpo decae lentamente intentando defender lo que resguarda. El calor asfixia, al grado que simplemente, tanto alma como cuerpo caen en el sopor, en el sueño.

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