Y el viento borró mis palabras, el efímero arte de la voz humana. Las imágenes por siempre plasmadas en lienzo permanecerán, e incluso los símbolos que representan ésta, mi voz, sobrevivirán a los años, a las décadas, a la humanidad; más en poco tiempo habrán perdido su sentido original, pues incluso yo misma dejaré de sentir lo que ahora me motiva a escribir. Y las palabras tomarán nuevos significados, adoptarán nuevas voces, y el coro inexistente de la mente humana las cantará a una sola voz en el olvido.
Y el agua se llevó lo que mis manos plasmaron en la arena, por siempre se perdió ese primer poema de mi vida: mi nombre.
Y el fuego destruyó las palabras que nunca más quise pronunciar, las vi consumirse lentamente mientras crecía en mi la certeza de que, si nunca más las entonaba mi voz, desaparecerían con las cenizas que se alzaban al cielo, volviendo a un lugar que sólo las voces vacías conocían.
Y a la tierra finalmente llegará este escrito, una vez haya muerto yo y este cuaderno yazca en el olvido. Y nunca más se pronunciará ese primer poema de mi vida, se perderá por siempre el nombre, la mujer, la idea que flota en mi cabeza.
Y pensé en lo efímero de las palabras, y por un momento, mi nombre escapó de mi memoria.
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