Ando buscando pedacitos de valor
para parcharme el alma. Busco por todos lados, bajo las piedras, pegados bajo
las mesas, entre los cojines, en bolsillos y bolsas viejas… pero hasta ahora he
encontrado principalmente pelusas y botones.
Ando buscando señales de que me
piensas para adormecerme el corazón. Y te busco en lugares raros, como en la
radio, en un libro, reviso tu chamarra que dejaste abandonada para ver si estás
ahí dentro; pero en lugar de eso te encuentro donde no te busco, en mis sueños
que me hacen sonreír, en las lágrimas que saben a distancia y a que te extraño,
en el peluche que despierto inesperadamente abrazando todos los días… Y he
pensado dejar de buscarte, porque no estás donde te busco y donde si estás me dueles.
Me duele.
Entre más te busco, menos estás,
entre más te recuerdo más te difuminas y te conviertes en una sensación cálida,
y más se vuelve este dolor agudo en uno apagado y tranquilo. Y entonces pienso
que puedo soportar estar así, que no falta mucho tiempo, me convenzo de que sí
me piensas y que me envías todos esos lugares donde si te encuentro, que tu
silencio es el mayor mensaje de amor: que no necesitas decírmelo, no necesitas
gritarlo, no necesitas verme porque yo sé que estás ahí. Estás ahí.
Pero sigo buscando pedacitos de
valor para parcharme el alma que se deshace en miedo. Y sigo leyendo, y sigo
pintando, y me sigo mirando en el espejo para encontrarte en el reflejo de mis
ojos; porque te busco tanto que tu imagen se ha plasmado en mi alma y se asoma
a través de sus ventanas, esa imagen dentro de mí que se busca en ti. Pero es
en vano, porque no estás y seguirás sin estar por un buen tiempo.
Ando buscando pedacitos de valor,
o tal vez incluso un dulce olvidado en el fondo de mi bolsa, porque tal vez no me
pueda parchar el alma pero puedo recordar cómo se siente tu dulzura en mis labios.
Busco
pedacitos de alegría para hacerme un buen par de zapatos que me mantengan en
pie, pero es como si de pronto mis pies fueran enormes y la alegría tan poca…
porque la alegría siempre era doble cuando la compartía contigo, un buen día
siempre sabía mejor cuando podía decirte lo bello que había sido, y ahora que
me quedo con mi alegría para mi solita… la tristeza de que no estás ha crecido
demasiado.
Dijo el Principito que “el amor
es lo único que cuando se reparte, se multiplica”, y andarte buscando de este
modo, tratar de reconstruir la sensación de tu abrazo, me hace pensar que
cuando el amor no se reparte se hace pequeño y apretado. Así que te mando mi
amor, aunque no sé si llega a ti, te lo mando con todas mis fuerzas para que
sepas que en este silencio hay un mar de amor fluyendo; que nuestro amor no se
vuelva pequeño y duro, que siga siendo un mar, que sepas que sigue ahí.
Que
sepas que te hablo en el silencio, que te amo, en el silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario