Me desvelo con la música de la lluvia como única compañía. Me desvelo leyendo obsesionada una y otra vez mis propios versos, recordando como antes escribir era como una suave danza de mis manos, y ahora, es como si volviera a aprender a caminar.
Pasan los días, crece el halo oscuro alrededor de mis ojos. Me obsesionan tantas cosas, el tiempo, la vida, el color dorado, el pasado que me persigue y el futuro que nunca llega, lo que pude hacer y nunca hice, lo que quiero hacer y no sé si me atreveré. Crece dentro de mi un grito apagado, un espíritu atrapado en mi pecho que quiere salir a gritarle al mundo que si, que tengo sueños y esperanzas, que tengo preocupaciones, que soy humana, que efectivamente... soy toda una reina del drama.
Mi ser pasa lentamente de amarillo brillante a ocre, se apaga con el paso de los días, y revive a momentos. Da un salto hacia afuera cuando salto yo en la lluvia, cuando me río y grito, y lloro, aunque nadie puede saberlo porque la lluvia se mezcla con el llanto.
Me desvelo ansiosa, adicta, esperando la siguiente oportunidad para dar un salto al frente y restregarle al mundo en la cara quién soy y lo que soy. A la siguiente lluvia a la que correré como si no fuera importante calarme hasta la médula del horroroso frío y de la soledad que me llega a lo más profundo al correr en una calle vacía, como si no fuera importante que las gotas duelan tanto como sentir que me marchito por dentro, como si no fuera importante absolutamente nada. Soy una flor medio marchita, prefiero mil veces morir de estar tan viva que morir simplemente de haber vivido mediocremente cierto tiempo. Prefiero morir en un arranque de alegría que en una pacífica tristeza.
Me desvelo, y me pregunto por qué siento que es tan necesario hacerlo. ¿Es necesario escribir esto? Por supuesto que no, sé que nadie lo está leyendo, pero ¿es importante escribir esto? Para mí lo es, cada palabra sin sentido, cada confuso párrafo. A fin de cuentas estas palabras son mías, y si les hablo de mí sé que no resulta interesante en lo más mínimo. Pero a ésta reina del drama le gusta compartirlo, este espíritu amarillo es demasiado rebosante como para intentar mantenerlo dentro de mi pecho. No es solamente mío, quiere ser de todos los que quieran aceptarlo dentro de su propio pecho.
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