Es posible que la redacción de esta entrada sea un acto de puro masoquismo (en su máximo esplendor), pero también es la única manera que tengo de buscar algo de paz en este momento.
Pienso que, sin importar las apariencias, yo fui la culpable de todo esto. Yo lo amo, pero quizás nunca supe demostráselo, o quizás simplemente mi amor no era suficiente y, aunque sé que me es permitido sufrir (porque es lo normal en estos casos), siento que no debería hacerlo. No debería.
No quiero que exista una razón para que él esté atado a mí, no quiero que se sienta responsable de nada, quiero que siga con su vida y posiblemente encuentre lo que yo no le pude dar en alguien más. No lo sé... nunca lo sabré.
Lo que sé es que necesito armarme de fuerzas para aceptar su decisión, y recordarme a mí misma que ya he pasado por mucho dolor antes y esto no me va a matar. Dicen que "lo que no te mata te hace más fuerte", lo que no te dicen es que usualmente esas cosas que no te matan deberían tener la piedad de hacerlo, porque te dejan reducido a algo tan patético y desvalido, que sobrevivir así es una verdadera proeza. Pero sé que a fin de cuentas no me voy a morir, o al menos no ahora, no por esto.
Y aunque en un principio creí haberme equivocado, haberme fallado a mí misma, por haberlo dado todo... por haberme dispuesto por completo y en general, por confiar plenamente y servir mi corazón en bandeja de plata, ahora me doy cuenta de que no me fallé. Yo amé... yo amo, y nunca me arrepentiría de ello. Amar es darlo todo sin esperar algo a cambio, y es algo que es necesario mantener en mente; y todo lo que hice, lo hice porque quería. No cambié una sola cosa sin querer hacerlo, todo lo hice porque quería, quería ser una mejor persona para él.
Quería que el quisiera estar conmigo, pero a fin de cuentas, parece que quería demasiado.
Y quién sabe, tal vez un Aguilar para esta Agustina sólo existiría en un libro.
Bravo!!!
ResponderEliminar