martes, 13 de septiembre de 2011

A una pequeñísima ilusión

Deseo presentar mis respetos a la minúscula ilusión fallecida el día de hoy, pues a pesar de su corta vida y pequeño tamaño, su muerte duele tanto como la de cualquier otro sueño o esperanza.
No es posible desestimar la vida de esta pequeñita ilusión simplemente porque fue extremadamente corta, pues dejó su marca, trascendió. Era una ilusión vivaracha e ingenua, optimista al punto de llegar a ser idiota y molesta, pero a fin de cuentas mientras vivió no hizo nada más que proporcionar paz y felicidad. Además he de decir que cumplió con los deberes con los que toda ilusión debería cumplir: filtró la realidad, la hizo ver mejor de lo que era, se hizo escuchar con más claridad que la misma razón.
Pero esta ilusión no contaba con mucha esperanza de vida, y a pesar de sus ánimos y energía era increíblemente frágil. Hoy, no sé muy bien a qué hora, simplemente se dejó morir en un momento de duda. Y es por eso que ahora presento mis respetos a la pequeñita que me hizo más llevadera la existencia por un corto, pero feliz, periodo de tiempo.

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