Antes que nada disculpen el lenguaje, es sólo que no encontré una palabra que funcionara mejor para lo que quería decir, así que considero válido usar groserías por ésta ocasión. Espero que no los ofenda.
Efectivamente, está muy cabrón vivir en estos días. Está cabrón ser uno mismo entre tantas modas, estilos, pensamientos, códigos morales, leyes... expectativas. Está muy cabrón no deprimirse ahora que hay doctores para todo que se esmeran en encontrarte hasta el más mínimo defecto en tu cuerpo, para así atascarte de medicinas y vaciarte la cartera. Está cabrón ser exitoso en medio de tantas crisis, con tanta corrupción, con tanta demanda de trabajo y tan poca oferta. Está cabrón no tener traumas de la infancia ahora que el divorcio y las familias rotas son el pan de cada día. La verdad si, está muy cabrón.
Pero por otro lado también está muy cabrón no tener razones para tener un buen día, para sonreír. Está muy cabrón que no te ponga de buenas una comida casera de tu mamá o de tu abuelita, que no se te iluminen los ojos al ver a la persona que te quita el sueño, que no te relaje una conversación pseudofilosófica con un amigo (o incluso una que otra borrachera), que no te quite un peso del alma el reconciliarte con una amiga, que no te duelan las mejillas de tanto sonreír y el estómago de tanto reírte cuando recuerdas las monadas que hacías de pequeño.
Efectivamente gente, el mundo nos la pone cada vez más difícil, la vida es muy complicada hasta en lo más básico. Pero mientras exista la comida casera, el amor, las conversaciones pseudofilosóficas, la amistad y los recuerdos de la infancia, está muy cabrón que vivir pierda su chiste.
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