De repente descubrí una gota tibia recorriendo mi mejilla; la limpié con el dorso de mi mano y la miré extrañada. Una lágrima; sucia con maquillaje negro, turbia por cual fuera la razón que la hizo brotar de mis ojos sin que yo lo comprendiera.
Una lágrima y eso fue todo. Tan repentina y efímera que terminé por ignorarla, aunque por dentro una extraña sensación comenzó a crecer en mí. Cerré los ojos intentando localizar esa sensación, acorralarla y suprimirla, pero no pude encontrarla.
Un poco frustrada desistí de mis intentos, miré mi planta de hierbabuena, arranqué una hoja y la mordisquee con gusto. Sonreí y me dije a mi misma "Tal vez sólo necesites dormir". Y es verdad... estoy tan cansada.
Una agradable melodía sonaba. Pensé en dormir de una vez por todas, pero me inquietaba un pensamiento. Ojalá te hubiera dado un beso más antes de que te fueras esta noche; mejor aún, ojalá no hubieras tenido que irte. Empiezo a creer, cada vez con mayor firmeza, que mi lugar en el mundo está entre tus brazos.
Me detuve a desearte mentalmente las buenas noches; al dueño de mis minutos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario