viernes, 14 de enero de 2011

Honestidad

La honestidad no siempre es premiada; aún cuando las palabras no pretendan daño alguno, y no sean nada más que una simple y obvia verdad, es fácil ofender con ellas.
La voz debe utilizarse con prudencia, la palabra escrita aún más, ya que sin la oportunidad de mostrar una sonrisa, una mirada arrepentida o simplemente modular el tono de la voz, debemos confiar enteramente en que nuestras palabras sean retrato fiel de la voluntad.
El honesto muchas veces sufre por la misma virtud que lo caracteriza. Requiere mucha valentía o exagerada ingenuidad el atreverse a caminar por la vida con el pecho abierto, dejando expuesto todo pensamiento tatuado en el corazón.
Uno ha de aprender a nunca arrepentirse de decir una verdad, más de igual manera ha de aprender a colorearla al escribirla. La verdad no es un dato exacto, un número, y no debe ser tratada como tal ni dicha sin más.
A pesar de todo, y por extraño que parezca, admito que en ocasiones... ser honesto resulta ser un error.

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