domingo, 1 de mayo de 2011

Común y corriente.

Por primera vez voy a escribir en este blog como la persona común y corriente que soy, como la chava de 18 años que está a menos de un mes de terminar la preparatoria, y es simplemente porque estoy sufriendo de un terrible bloqueo y la verdad me he fastidiado de mi forma de escribir. Me aburrí de mi misma.
Hace un calor insoportable, tengo demasiado que hacer, honestamente no estoy de mi mejor humor y simplemente quería gritarle al mundo: si, efectivamente, ya me fastidié de ti. Y no hay ningún motivo en especial, simplemente este es uno de esos días en los que te despiertas, te das cuenta que es tardísimo, que hace un calor de los mil demonios y que te duele la cabeza, y, aunque físicamente es imposible por la posición de mis muebles, hoy me levanté de la cama con el pie izquierdo.
Si, tengo ganas de quejarme, de hacer un berrinche, de dejar de ser yo misma por un rato para dar rienda suelta a mi coraje. Pero esta entrada es lo más lejos a lo que va a llegar ese deseo.
Y si no fuera mucho pedir, me gustaría que alguien dijera "te comprendo", aunque no lo hagan; pero, seamos realistas, dudo ser la única que ha tenido un mal día simplemente porque de hecho es un mal día. Lo mejor que se me ocurrió para desahogarme fue hacer ejercicio hasta que me quedé sin energía para estar enojada, pero lo que sobra son estas palabras.
Vamos, es sólo que si acaso alguien lee este blog, quiero que sepan que soy alguien más aparte de esa chava que dedica un preocupante tiempo a reflexionar acerca de nimiedades, soy común y corriente, y no siempre que me siento mal decido transformar el sentimiento en poesía o prosa con tintes poéticos. No soy una figura poética, un personaje, y por desafortunado que parezca en ocasiones, soy un ser humano de carne y hueso. Un ser humano que honestamente está de pésimo humor, intentando mantener un precario equilibrio para no caer, por un lado en un simple desahogo de gritos, o por el otro en el llanto.
En fin, es sólo un mal día como tantos ha habido en la historia de la humanidad, no hay por qué darle mayor importancia.

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