La bestia amorfa andaba tras de ella, sobre su espalda, acariciando con sus dedos la línea de su rostro, susurrándole su nombre. Creyendo que le torturaba.
Ella ni siquiera sabía que esa bestia descomunal la seguía; la palabra soledad le resultaba un recuerdo lejano y borroso.
Pero la gran masa oscura no se había percatado. Cuando quiso atraparla entre sus alargadas extremidades la vio escabullirse sonriente hacia los brazos de un joven.
Ella ya no le pertenecía; ya no recordaba su nombre. Y la bestia soledad se retiró resignada, sus susurros jamás llegarían al oído de esa joven.
pues yo te protegeré y amare sola no estarás otra vez junto a mi mein prinzessin
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