Andar dando tumbos, buscando ávida tu voz. Ciega. Tropezar torpemente hasta toparme con tus brazos y abrazarte aliviada. Sentir como tus manos me sueltan y escuchar tus pasos alejarse ¿A dónde has ido? Me pregunto intrigada; escucho tu voz risueña a lo lejos invitándome a alcanzarte.
Tropiezo, me quedo sentada un momento, cansada. Pues no importa cuantas veces te alcance, no importa cuantas veces me recibas con tu abrazo, seguirás retrocediendo un paso y retándome a encontrarte.
Suspiro, me pongo de pie, palpo la oscuridad frente a mí y avanzo de nuevo. Tu voz ya no se oye, y sigo mi camino sin saber que me observas en silencio. Ciega, manoteando con torpeza el aire.
No hay comentarios:
Publicar un comentario